Hablar de sexo

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A veces, de verdad, pienso seriamente que debería escribir aquí más a menudo. Pero cuando tengo tiempo de escribir no sé que contar, y cuando tengo algo que contar estoy demasiado ocupada para pensar cómo escribirlo, aunque siempre he creído que sólo la mitad de lo bueno y adictivo del sexo corresponde a practicarlo, mientras que la otra mitad corresponde a hablar de ello. Yo procuro practicarlo tan a menudo como me es posible, y con mayor frecuencia hablo de sexo, del que practico y del que no. Me gusta hablar de sexo antes de practicarlo, mantener una de esas conversaciones cargadas de indirectas y dobles sentidos que sólo pueden desembocar en un arrebato de desnudez y mordiscos sin mesura. Y después del revolcón, lo mejor que se puede hacer es contarlo. Repasar la jugada con el compañero de turno, relatársela detalladamente a una amiga o confesárselo al cura, en definitiva significa lo mismo: al contarlo, lo recuerdas, y al recordarlo lo vives de nuevo, y lo disfrutas. Por eso creo que la gente debería hablar mucho más de sexo, y también debería aprender a hacerlo. Porque no es lo mismo hablar de las ganas que tienes de montarte un trío con dos negrazos que te empalmen a gusto, que contar tu última clase de macramé. La primera diferencia, queridos, os la daré yo misma: A las clases de macramé seguramente hayas empezado a ir por tu abuela.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Natasha y publicada el 28 de Febrero 2007 12:00 AM.

Un buen planteamiento económico es la entrada anterior en este blog.

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