Mujerismo sexual, (II)

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Hablando del neofeminismo o "búsqueda de la supremacía de las mujeres por colectivos poco representativos de las mismas" pensé el daño que ha hecho todo eso en nuestras vidas, y sobretodo, en el sexo. Como bien dije, hace unos pocos años una mujer hacía lo que quería su marido, cuando quería su marido y como quería su marido. La Sección Femenina difundía que una buena esposa debía ceder a los deseos sexuales de su marido, aunque estos le resultaran raros o violentos, ya que esa era la forma que tenía su marido de demostrarle su amor. Y en cuestión de unas décadas, alguien le ha dado la vuelta a la tortilla. Ahora la mujer manda, la mujer decide, la mujer cabalga al hombre en definitiva. Y pobre de él que proponga algo fuera de lo común y establecido. Pobre de él que comente en tono distendido que le gustaría probar tal cosa o, quizá, marcar él el ritmo, pues será marcado de cerdo machista retrógrado. El hombre ha pasado de acercarse a una chica en un bar para invitarle a algo, a acomodarse de tal modo que ya presupone, sin necesidad de hablar sobre ello, que la chica es la que llevará la batuta durante el resto de la noche. Ella decidirá cuándo llevarle a su casa, ella decidirá qué música poner, ella decidirá cuándo desabrocharle los pantalones y ella será la que se ponga sobre él, hasta que ella decida o se sienta satisfecha. Después, ella se despedirá amablemente y le llamará otro día, o no. El hombre se ha acostumbrado a que la mujer mande, y se ha dado cuenta de lo cómodo que es eso. Ni siquiera hacen falta mil posturas, pues la mayoría de ellas resultan denigrantes para la mujer. El sexo salvaje e inconsciente, el arrebato de pasión que te hace tirar todas las cosas de la mesa de la cocina y hacerlo allí mismo gritando como una loca, ese sexo animal que convierte cualquier preocupación en agua pasada, ese sexo ahora es sucio e inmoral para mucha más gente de la que pensamos. La mujer ha decidido subirse al hombre sin darse cuenta de que así las posibilidades de innovación y placer se reducen al menos a la mitad. Y el hombre está encantado. ¿Dónde están los hombres de antes? ¿Dónde están los machos cabríos? Esos hombres no se andaban con chiquitas, esos hombres sabían lo que querían, y sabían lo que quería una mujer. Esos hombres te invitaban a su casa y antes de llegar al ascensor ya te habían metido la lengua hasta la campanilla. Ya en su piso, te sujetaban por la cintura, te estampaban contra una pared (si tenía gotelec ya era el novamás) y te desnudaban, con cuidado, con ganas, con los dientes. Sin quitar su lengua de tu boca y sin dejar de forcejear con el cierre de tu sujetador con su mano derecha (¿realmente es tan difícil?) te guiaban a oscuras y a tientas hasta su cama, casi siempre deshecha y allí empezaba la fiesta. El sexo se extendía por todos los rincones de la habitación y por todas las partes del cuerpo. Las manos, las uñas, los dientes, la lengua, la piel se convertían en órganos sexuales con una única función: el placer. Entonces, todo era sexo. La respiración cada vez más acelerada era sexo, los latidos del corazón eran sexo, las manos firmes sujetando el cuerpo del otro eran sexo, y el olor del aire de la habitación era sexo. Y tú no podías hacer nada más que rendirte, vaciar la mente, dejarte llevar embriagada por el olor del cuerpo del otro, por sus brazos fuertes, su mirada profunda. Sentir el cuerpo del hombre sobre tu cuerpo, dejarte mover a su ritmo, sentir sus uñas marcando tu piel, eso era una parte del sexo que lo hacía aún más grande. Esos detalles hacían del sexo algo mas, hacían que al día siguiente, al ver esas marcas en el espejo del baño, perfilaras una sonrisa pensando en el sabor de su piel. Ante un hombre fuerte y algo rudo en la cama, no pensábamos en superioridad masculina, pensábamos en la ronda de orgasmos que nos haría sentir. Ahora, presionados ora por las hordas de fanáticas feministas, ora por el miedo a pasarse de rudos, se refugian en el papel del débil, del pasivo, del sumiso en algunos casos. Utilizan la mirada ingenua propia de una adolescente y se dejan querer, desnudar y cabalgar por la mujer, orgullosa de su falsa victoria.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Natasha y publicada el 16 de Septiembre 2006 12:00 AM.

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