Mujerismo sexual

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Cada vez es más difícil encontrar un buen domador. Hace cincuenta años, a una mujer de una familia corriente en una ciudad corriente ni se le pasaba por la cabeza dominar a su marido en la cama. Ahora, a causa del mal uso del feminismo y la liberación femenina, todo se considera denigrante para la mujer. El sexo oral es denigrante, el sexo anal es denigrante, hacerlo a cuatro patas es denigrante… Y que las chicas piensen que cuando sus novios les piden una mamada están manchando su dignidad suena bastante paranoico, pero que los chicos también lo crean me parece enfermizo. Se supone que el movimiento de liberación femenina tenía como objetivo que las mujeres fueran libres de elegir. Libres para ser amas de casa o trabajar fuera, para elegir cuándo casarse y cuándo divorciarse, qué carrera estudiar. Y, por qué no, la liberación femenina dio la oportunidad a muchas mujeres de tomar el control en sus relaciones de cama. Y qué mejor manera de tomar el control que rindiéndose al placer carnal sin límites, olvidando todo prejuicio. Pero en pleno siglo XXI, parece que la gente está más preocupada de lo que es políticamente correcto que de ser feliz. En una sociedad en la que el sexo nos invade por todas partes, en la que los kioscos enseñan las portadas de decenas de revistas de contenido sexual explícito y grotesco, en la que la gran mayoría de los anuncios publicitarios contienen alguna alusión al sexo, en la que adolescentes cada vez más tempranas envían sus cartas a revistas juveniles para contar cómo sus respectivos novios se las han follado en un descampado, el coche de sus padres o el baño de una discoteca, en una sociedad en la que el chismorreo sobre a quién se la ha chupado la petardilla de turno está a la orden del día, personas y colectivos que se autocalifican erróneamente liberadores y modernos nos manipulan convirtiéndonos en seres temerosos de que alguien ataque a nuestra libertad de la forma menos esperada. La mujer confunde la igualdad, tanto ansiada hace apenas un siglo, con la superioridad y el pavoneo que algunas enarbolan en nombre del feminismo. Como en una nueva tiranía colectiva, las mujeres se alzan en el poder, se sublevan hasta rebajar al hombre a la calidad de objeto complacedor de sus deseos, casi esclavizándolo. ¿Dónde va a llegar todo esto? ¿Acaso quieren que todo vuelva a ser como antaño, pero al revés? Las mujeres se han puesto de pie en masa, han sujetado sus respectivas sartenes por el mango y han salido por la puerta con la cabeza bien alta. Demasiado alta, diría yo. Alguien debería recordarles que tengan cuidado de no chocarse contra el marco de la puerta al salir.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Natasha y publicada el 7 de Septiembre 2006 12:00 AM.

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