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En la memori@ de muchos Argentinos, debe de estar esta Leyenda, "La Leyenda de La Yerba", para quien no es Argentin@, no sabe que la "Yerba", es el mate, una bebida muy consumida en todo el país.

Os dejo la Leyenda, que lejos de ser aburrida, a mi me parece, que nos lleva a pensar. La música, es de Argentina, Adios Nonino. Posiblemente no sea la más acertada pero como es una canción que va conmigo ojalá la disfrutéis.


La Leyenda De La Yerba

De noche, Yací, la luna, alumbraba desde el cielo misionero las copas de los árboles y platea el agua de las cataratas.

Eso es todo lo que conocía de la selva: los enormes torrentes y el colchón verde e ininterrumpido del follaje, que casi no deja pasar la luz.

Muy de trecho en trecho, podía colarse en un claro para espiar las orquídeas dormidas o el trabajo silencioso de las arañas. Pero Yací es curiosa y quiso ver por si misma las maravillas de las que hablaban el sol y las nubes: el tornasol de los picaflores, el encaje de los helechos y los picos brillantes de los tucanes.

Pero un día bajó a la tierra acompañada de Araí, la nube, y juntas, convertidas en muchachas, se pusieron a recorrer la selva, era el mediodía y el rumor de la selva las invadió, por eso era imposible que escucharan los pasos sigilosos del yaguareté que se acercaba, agazapado, listo para sorprenderlas, dispuesto a atacar. Pero en ese mismo instante, una flecha disparada por un viejo cazador guaraní que venía siguiendo al tigre fue a clavarse en el costado del animal. La bestia rugió furiosa y se volvió hacia el lado del tirador, que se acercaba. Enfurecida, saltó sobre él, abriendo su boca y sangrando por la herida, pero, ante la mirada de las muchachas paralizadas, una nueva flecha le atravesó el pecho.


En medio de la agonía del yaguareté, el indio creyó haber advertido a dos mujeres que escapaban, pero cuando finalmente el animal se quedó quieto no vio más que los árboles y más allá, la oscuridad de la espesura.



Esa noche, acostado en su hamaca, el viejo tuvo un sueño extraordinario. Volvía a ver al yaguareté agazapado, volvía a verse a sí mismo tensando el arco, volvía a ver el pequeño claro y en él a dos mujeres de larguísima cabellera.

Ellas parecían estar esperándolo y cuando estuvo a su lado Yací, lo llamó por su nombre y le dijo: - yo soy Yací y ella es mi amiga Araí .

Queremos darte las gracias por salvar nuestras vidas. Fuiste muy valiente, por eso voy a entregarte un premio y un secreto, mañana cuando despiertes, vas a encontrar ante tu puerta una planta nueva llamada caá. Con sus hojas, tostadas y molidas se prepara una infusión que acerca los corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos tus hijos y los hijos de tus hijos...


Al día siguiente, al salir de la gran casa común que alberga a las familias guaraníes, lo primero que vieron el viejo y los demás miembros de su tevy, fue una planta mueva de hojas brillantes y ovaladas que se erguía aquí y allá.

El cazador siguió las instrucciones de Yací: no se olvidó de tostar las hojas y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca.

Buscó una caña fina, vertió agua caliente y probó la nueva bebida. El recipiente fue pasando de mano en mano: había nacido el mate.


Antología de Leyendas de la Literatura Universal

Diego Torres, un bonaerense que desde hace unos años, es conocido en este lado del charco, que compone unos temas que llegan hasta lo más profundo, quizás para mi gusto, porque expresa lo que yo no puedo expresar en ocasiones.

Si me pidieran dí un deseo, Que No Me Pierda, en un mundo extraño en ocasiones. Que no me hagan perder lo que más adoro en esta vida, la honestidad, y la sinceridad y el ser tal cual. Sin máscaras, siendo uno mismo, se puede uno perder, pero es más complicado que cuando, uno vive del que dirán los demás.

Que No Me pierda nada y a nadie, en esta vida, y si yo me perdiera, siempre hubiera un ser humano que me dijera donde están los cuatro puntos cardinales.



Como no Quiero perderme, intentaré hacer el camino, al márgen, de buenas palabras, diplomáticas palabras, esas son las que hacen perderse a cualquier ser humano, en la prepotencia, el servilismo...


Por favor si alguna vez me pierdo, que alguien me diga "te perdiste".

Y si que puedo decir que no me encontré con gente fría, como dice Diego en su canción, al contrario encontré la calidez, de saber que hay amigos, que son auténticos tesoros, y son a final de cuentas, los que hacen que mi brújula no se pierda.

La vida merece la pena.

Un abrazo para todos.. y ¡NUNCA OS PERDÁIS! es doloroso para la vida de cualquiera. No voy a añadir más que lo que dice Diego, y Julieta Venegas tocando el acordeón.

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