Novedades en la categoría Leyenda

Siguiendo con la memori@, no solamente mía, si no la de muchos Uruguayos, os dedico la canción Doña Soledad, típica canción uruguaya, y con una Leyenda, "Los Dos Hermanos".

Espero que disfrutéis tanto de la Leyenda,la Música y las Fotografías de vuestro país.

Cualquiera diría, que mis genes fueran de allá!, más bien son una mezcla de diez de todo revuelto.

Un saludo para tod@s y siempre guardar todo en la memori@, aunque parezca una desmemori@.



Los Dos Hermanos



En los pagos de Arroyo Achar, en Tacuarembó del Uruguay, vivían dos hermanos que, además de quererse entrañablemente, reunían las más bellas cualidades que puedan poseer los gauchos: eran nobles, valientes y generosos a toda prueba, incluso a la hora más difícil de la vida: a la hora de la muerte.



Corrían juntos todas sus aventuras juveniles, tanto en los campos como en el pueblo. Los dos trabajaban en la misma estancia y, para desgracia de todos, se enamoraron - sin confesárselo el uno al otro - de la hija del puestero, que era una hermosa muchacha a quien rondaban todos los mozos de los contornos.

Ella coqueteaba con todos, a ninguno daba esperanzas y, poco apoco, sólo los dos hermanos permanecieron fieles a su admiración y a su amor. La muchacha parecía enamorada de los dos por igual; no se decidía por uno, ni rechazaba a ninguno.
Hasta que una noche, el más decidido montó su caballo, la sacó de su casa y se la llevó, sin que nadie se diera cuenta. Cuando el enamorado burlado se dio cuenta, se volvió loco de celos; ensilló su caballo y salió al galope sin saber adonde se dirigiría. Una vieja que encontró en el camino le dijo haber visto a la pareja en dirección a la barra de Arroyo de Achar, en Río Negro.





Hacia el amanecer, los alcanzó cerca del Paso; llevaban el caballo al trote, como si no tuvieran prisa de llegar a su destino. Al reconocerlos, un grito de coraje salió de su pecho angustiado. Los dos hermanos, con un mismo movimiento, echaron pie a tierra y se miraron frente a frente.

- ¡Me la has robado! - dijo el uno.

A lo que contestó el otro:

- No pensé robarte nada, hermano, por que creí que era mía. Ella ha de decidir con cuál de los dos debe marcharse.

Ella callaba, con sonrisa nerviosa. Y sucedió lo inevitable; los cuchillos salieron de las vainas y se echaron el uno sobre el otro, en lucha a muerte.

La muchacha dio un grito de espanto y su caballo salió galopando. Los dos hermanos quedaron solos en la llanura; los dos acercaban en los golpes, las heridas eran igualmente mortales. Los dos se desangraban a la par. En un último esfuerzo, ya en el suelo los cuerpos, se tendieron las manos. Querían llevarse en el corazón la paz de la reconciliación y el consuelo de la despedida fraternal.

Los encontraron muertos, enlazadas las manos, sobre dos charcos de sangre. Allí mismo los enterraron, frente a frente. Cada tumba se convirtió en una pequeña laguna, que han ido creciendo, poco a poco, con el tiempo. Son las que hoy existen con el nombre de Lagunas de las Maletas, que están separadas por un brazo de tierra que jamás se cubre de agua, porque es el lugar sagrado en que los brazos de los dos hermanos agonizantes se juntaron.

El caballo, desbocado, llevó a la muchacha hasta la orilla de la laguna grande, donde la tiró al suelo, y prosiguió su marcha loca.

Al recobrar el sentido, se dio cuenta del horrendo crimen que su coquetería había causado. Durante muchos días lloró desesperadamente, dando vueltas alrededor de la laguna, hasta que una noche se lanzó a las aguas oscuras dando un agudo y escalofriante gemido.

Allí está siempre su alma penitente, en la Laguna Asombrada, en donde todos los Viernes Santos, a la misma hora en que ella se arrojó a las sombrías aguas, se oye un profundo gemido y el ruido que hace un cuerpo al caer a la laguna desde la altura.


Antología de Leyendas de la Literatura Universal

En la memori@ de muchos Argentinos, debe de estar esta Leyenda, "La Leyenda de La Yerba", para quien no es Argentin@, no sabe que la "Yerba", es el mate, una bebida muy consumida en todo el país.

Os dejo la Leyenda, que lejos de ser aburrida, a mi me parece, que nos lleva a pensar. La música, es de Argentina, Adios Nonino. Posiblemente no sea la más acertada pero como es una canción que va conmigo ojalá la disfrutéis.


La Leyenda De La Yerba

De noche, Yací, la luna, alumbraba desde el cielo misionero las copas de los árboles y platea el agua de las cataratas.

Eso es todo lo que conocía de la selva: los enormes torrentes y el colchón verde e ininterrumpido del follaje, que casi no deja pasar la luz.

Muy de trecho en trecho, podía colarse en un claro para espiar las orquídeas dormidas o el trabajo silencioso de las arañas. Pero Yací es curiosa y quiso ver por si misma las maravillas de las que hablaban el sol y las nubes: el tornasol de los picaflores, el encaje de los helechos y los picos brillantes de los tucanes.

Pero un día bajó a la tierra acompañada de Araí, la nube, y juntas, convertidas en muchachas, se pusieron a recorrer la selva, era el mediodía y el rumor de la selva las invadió, por eso era imposible que escucharan los pasos sigilosos del yaguareté que se acercaba, agazapado, listo para sorprenderlas, dispuesto a atacar. Pero en ese mismo instante, una flecha disparada por un viejo cazador guaraní que venía siguiendo al tigre fue a clavarse en el costado del animal. La bestia rugió furiosa y se volvió hacia el lado del tirador, que se acercaba. Enfurecida, saltó sobre él, abriendo su boca y sangrando por la herida, pero, ante la mirada de las muchachas paralizadas, una nueva flecha le atravesó el pecho.


En medio de la agonía del yaguareté, el indio creyó haber advertido a dos mujeres que escapaban, pero cuando finalmente el animal se quedó quieto no vio más que los árboles y más allá, la oscuridad de la espesura.



Esa noche, acostado en su hamaca, el viejo tuvo un sueño extraordinario. Volvía a ver al yaguareté agazapado, volvía a verse a sí mismo tensando el arco, volvía a ver el pequeño claro y en él a dos mujeres de larguísima cabellera.

Ellas parecían estar esperándolo y cuando estuvo a su lado Yací, lo llamó por su nombre y le dijo: - yo soy Yací y ella es mi amiga Araí .

Queremos darte las gracias por salvar nuestras vidas. Fuiste muy valiente, por eso voy a entregarte un premio y un secreto, mañana cuando despiertes, vas a encontrar ante tu puerta una planta nueva llamada caá. Con sus hojas, tostadas y molidas se prepara una infusión que acerca los corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos tus hijos y los hijos de tus hijos...


Al día siguiente, al salir de la gran casa común que alberga a las familias guaraníes, lo primero que vieron el viejo y los demás miembros de su tevy, fue una planta mueva de hojas brillantes y ovaladas que se erguía aquí y allá.

El cazador siguió las instrucciones de Yací: no se olvidó de tostar las hojas y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca.

Buscó una caña fina, vertió agua caliente y probó la nueva bebida. El recipiente fue pasando de mano en mano: había nacido el mate.


Antología de Leyendas de la Literatura Universal

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